Fotografía ...... Desiree Dolron







El cese

Y ahí se quedo el barroco amor con su canastito de nueces celestinas, su parquedad de albo alabastro , su pasión de sangre vertida más uno que otro modo tapizado de punzantes ligustrinas. Ahí murió la muerte irremediable honestidad fingida, en el asomo de las bocas traicionadas, puritanas manifestaciones de dicha, ahí se consumió la llama en el aplomo de sus cenizas.

Suplicado canto a los pies encima.

Aquellos que me siguen y sigo

Hubo un tiempo de delicadas garzas sostenidas en el aire y ellas miraban al cielo, era azul y había aplomo, sustento para el alma y todas aquellas pequeñas razones propias de querer volar para evadirse. Se vistió el plumaje de epidermis para congraciar con el anhelo, y allí en la tierra firme la consecuencia se hizo carne. El aire no puede siempre estar de fiesta. Hubo un tiempo de refinados flamencos sorteando el agua del estero y ahí los ojos siempre alertas para bajar sobre ellos el cuidado detalle del color.
“María, tú rostro,
no se han visto blancos más albos
y porcelana mejor esculpida,
la sonrisa no es tal bajo el alero de tu cielo.
Virgen tus ojos,

cómo encandilan a quien los alzan,
no hay súplica posible y sol que impida tu luz adentro y fuera del alma.”

8.2.10




































¿Podré acaso esconderme en tus ojos maduro pino insigne?,

sombría sombra que no me deja admirarte vidente sino ciega
en la necedad de tus años plantado.

Y qué será que no soy tierra para apretarme contigo sino agua,
escasa agua en este mundo de enormes sequías.


¿Podré acaso refugiarme y hacerme Abedul sin ser talada?.

1.2.10




 
 
  Recuerdo tu risa,

ese estruendo de ojos
que esbozaban cantos verdes
en el ambiente de mi pelo vivo.


Y era feliz.


Feliz de verte sonreírle al mar
en su constante de olas parejas
balanceadas en la profundidad de
tu teñido plancton en forma de piso,
de tabla,
de abrazaderas tranquilas,
de sustento,
de paz infinita.


Nunca volví a escuchar orcas
en tus labios salados,
si pareciera que al voltear tu
rostro se fue el sonido de la
fauna esa noche.


Es increíble como en tu manto
de estrellas fugaces estando yo
frenada y absorta, te llevaste
de mis ojos las mejores visiones
de amor que he obsequiado.







31.1.10
























Dicen por ahí que el color de la sangre no se olvida jamás
y menos aquella que no quiere salir del cuerpo en forma
voluntaria,
los muros están hecho para apoyar las manos, el tronco y
la cervical, pero uno no está preparado para adosarse a sus
ranuras.


Los altos también están hechos para edificar belleza,
para dividir lo que es de uno mas no para morir en sus
fríos paredones.


Hay que ver que es fuerte el tema del adiós..


Y así con los ojos cegados pero abiertos
la boca seca y temblorosa se va instruyendo al cuerpo del desplome,
ese que no hace honor al garbo sino que rebajado experimentará
el agobio, la desazón y su vergüenza.


Morir como un perro desaguado pero en silencio,
sabiendo que la sangre no huele a nada pero que espanta,
ahí penetra la bala directo al corazón.


Y pensar que al abrir los ojos no hay nada más que sombras y menos vidas prometidas.






















28.1.10
























Dame sol mujer de caderas

estrechas decía Paco
mientras sorbía el zumo
de un pétalo dormido,
¡vamos, dame rumba mientras
tendida sobre mi estás!,
que el sereno no vuelve
con su juventud dos veces
y la tarde con su solemne
elegancia me tiñe de canas
este cansado cuerpo.

Entrega eso que quiero y hazlo
de una buena vez
Montserrat de mis amores,
mujer morena,
taurina, de sangre espesa y
corsé apretado;
ven a mí, a mi impertinente
mirada, a mis labios no versados
sino angostos en los tuyos,
dame hembra tu alma si es
preciso,
dame amor,
la espesuras de tus partes
en las mías,
agua,
sedimento y un par de buenas manos que
me coja el sonido de
tu nombre una vez muerto en ti.

27.1.10
















No quieren los ojos las tinieblas

vendarse a propósito y sin voluntad,
no quieren los ojos dejar de mirarte.


La boca en su constate humedad
asir las palabras con tintes de pasto
y su lengua con fondo de cielo,
porque está ahí pa ser besada,
está para ser versada y adornada con
su carmín extravagante.


Y en esto las manos en su equivocado
vuelo nupcial baja al éxtasis del
mar negro,
en un apretado margen de leche
y dibuja bosquejos de letras,
poemas marchitos,
venosos pozos de sangre,
penosos fragmentos de vida.

25.1.10
























Digno de ser,

ser digno de algo
del sueño escondido

del silencio prestado.


Uno va siendo hembra
como hombre de cuarzo
cuando no se entrega maduro
cuando la voz no te roza.


Y así el camino,
así los pies descalzos,
los besos confundidos,
las manos en cadalsos;
más vale morderse fuerte,
despertar entre balazos
que ser asesinado sin
siquiera haber luchado.


Digno de ser,
ser digno de algo,
como tu nombre te nombre
y tu entraña patee
así sin demonio presente,
así sin consorte de turno.



24.1.10
























Separarme de mi tierra ¡jamás!,

nublarme la vista y no ver mi mar,
caminar sin camino hacia los montes,
desconocer la espiga que me alimentó.


Desechar los retoños que el sendero labró,
mancillar mi estirpe con la sangre de otras
huestes,
persignarme delante de mi congoja.


¡Jamás!.


Eterno sería mi llanto entre perennes cimientos.


Dar vuelta la cara hacia otras caras,
reír con dientes prestados,
amar sin corazón prendido,
percatarme que ya no existo en mi propio exilio.


¡Jamás!.


Jamás,
palabra exquisita y misionera
prendedor de mi alma,
nodriza de mis sueños.


Jamás separarme de mi tierra calichera,
de las aguas que salan mis ojos,
del verde fulgor de los campos llovidos.


De mi gran bandera sufrida,
albañilera estampa colorida que adornará para siempre
el rojo copihue de mi basta sonrisa.